Saber a ciencia cierta cuál es el momento de ir al hospital es algo que debe descubrir cada mujer.

La mayoría de las embarazadas da a luz entre las semanas 38 y 42 de gestación, es decir, dos semanas antes o dos después de la fecha probable de parto (semana 40).

 

Cuándo tomar la decisión de ir al centro hospitalario y la forma de hacerlo preocupa generalmente a todas las embarazadas a término.

 

La matrona puede ayudarte a decidir si ha llegado el momento de acudir al hospital, por lo que en caso de duda conviene llamarla y explicarle todos los síntomas.

Muchas mujeres preguntan en la consulta; "¿sea la hora que sea?".

La respuesta es siempre SI.

Los bebés eligen cuándo nacer sin mirar el reloj y la asistencia al parto se presta las 24 horas del día.



Se considera que la madre ha comenzado el parto cuando tiene contracciones frecuentes que son capaces de acortar el cuello del útero y dilatarlo para que el feto pueda pasar a través del mismo.
 
Sin embargo, el alumbramiento no tiene un comienzo brusco. Se dan casos en que la madre ya tiene una notable dilatación pero no ha sentido ninguna contracción, y otras veces la madre sufre contracciones frecuentes y dolorosas durante horas sin que el cuello del útero se haya dilatado lo más mínimo.
 

Por eso los ginecólogos hablamos de una "fase de latencia" al inicio del parto, donde las contracciones son muy pocas y el cuello del útero se va dilatando lentamente. 

Tras ella comienza la "fase activa" del parto, en la que la madre ya es plenamente consciente de las contracciones 

 

Existe un acuerdo casi unánime que considera que una mujer está de parto cuando tiene contracciones cada 5-6 minutos aproximadamente, con una dilatación del cuello uterino de unos dos centímetros. Sin embargo, se debe avisar a la matrona siempre que sospeche que el parto ha comenzado, o si se dan las siguientes circunstancias: 

 



•  Romper aguas sin contracciones, y siempre que sean de color oscuro o verdoso.  
     
•  Sangrado vaginal en cuantía similar ó superior a la regla y diferente del tapón mucoso.  
     
  Dolor fuerte que no da tregua entre contracciones.  
     
  Advertir menos movimientos del niño dentro del útero.